Karl Marx

Sus palabras clave: “lucha de clase” y “revolución”

“Negrito” le llamaban.  Un mote cariñoso.  Por su tez oscura. Y su abundante cabellera de rizos negros.

Marx es el fundador del llamado  Socialismo Científico, elemento básico de la lucha de clases que él emprende, junto con su gran amigo, Friedrich Engels, hijo de un acaudalado fabricante, y su obra principal es “El Manifiesto del Partido Comunista”, en el que vaticina el hundimiento de la clase explotadora capitalista, y la victoria del proletariado. Ningún otro filósofo, ni antes ni después, ha logrado cambiar el mundo, pues más de mil millones de hombres viven, a día de hoy, en estados que se autodeterminan  comunista. Todo comenzó un 17 de octubre del año 1917, cuando en San Petersburgo, cientos de trabajadores,  revolucionarios, soldados, campesinos, comenzaron a poner en práctica las teorías de Marx. ¿Cómo?  Apoderándose del llamado Palacio de Invierno, la residencia del Zar, tomando prisionero a él  y a toda su familia que, tras un juicio sumarísimo, fueron condenados a muerte y fusilados.   

Karl Marx nace un 5 de mayo de 1804 en Tréveris, una de las ciudades más antiguas de Alemania, fundada por los romanos en el año 16 aC y que colinda, actualmente, con 3 países, Francia, Bélgica y Luxemburgo. Tenía unos 12.000 habitantes entonces, la mayoría campesinos, que por las malas cosechas de sus viñedos, intentan sobrevivir, con el plato único: unas patatas hervidas. La mayoría de los niños, a partir de los 8 años ya trabajan en la fábrica de acero y vidrio, aunque el pequeño Karl no ha de sufrir estas penurias, pues nace en el seno de una familia acomodada judía, aunque su padre, abogado, ha de renegar de su religión, puesto que el gobierno prusiano no tolera judíos creyentes entre sus funcionarios. De los 9 hermanos y hermanas, 5 mueren a una temprana edad y Karl, a los 6 años,  es bautizado protestante, por obligación. A pesar de la conversión, a Marx le marcará profundamente la forma de pensar tan propia del judaísmo, y muchos investigadores hacen hincapié en la fuerza analítica de su forma de pensar, el poder de la exégesis y la explosividad de las polémicas, si bien, por otra parte, resultan extrañas y más que incómodas, sus manifestaciones, tanto de palabra como escritas, claramente antisemitas, cuando habla de los niggers judíos que huelen mal y, cuando pasa unas vacaciones en un balneario inglés, comenta con menosprecio que “hay demasiados judíos y pulgas por aqui!”.

Karl Marx

Hasta el día de hoy, prestigiosos psicólogos estudian estos vulgares exabruptos contra la propia raza, y creen que son consecuencia del odio hacia su propio cuerpo, muy corpulento. Marx siempre enfermizo, ya mayor, sufre de unos furúnculos en todo el cuerpo. Siente un odio profundo hacia su madre que considera tacaña y muy limitada intelectualmente, y la llama de forma despectiva “la vieja”. Marx considera la avaricia de su madre, y su propio cuerpo maltrecho, no como una característica individual, sino propia del pueblo judío, y de allí  nacen frases suyas, como “El Dinero es el Dios más importante en Israel, y ningún otro Dios le anda a la zaga” (de su libro “Sobre la cuestión judía). Marx considera que Dios es un invento o una ilusión de los hombres y la Religión un arma de la clase dominante que hace creer a la clase oprimida que el cielo será la recompensa por las penurias sufridas en la tierra

Según las escasas fuentes, Marx se lleva bien con sus profesores, pero no así con sus compañeros de clase, de los que se burla, la mayoría hijos de campesinos. Sus notas están por encima de la media, aunque todavía no muestra ningún interés por la filosofía. Su padre quiere que estudie Derecho, pero el joven Marx acaba de descubrir la vida nocturna de Bonn, luego la de Berlín, y su padre se queja de los elevados gastos del joven. Él, ni siquiera llega a saber cómo es la universidad por dentro, ya no quiere estudiar Derecho y solo se interesa por la poesía. La mayoría de sus poemas van dirigidos a una tal Jenny, la chica más hermosa de Tréveris. Ella es 4 años mayor que él y proviene de una  reputada y adinerada familia de la ciudad.

Un buen día, el joven Marx descubre la filosofía, mostrando un especial interés por Demócrito, Aristóteles y Epicúreo, así como por Leibniz, Kant, Fichte, Schelling y, por encima de todos, por Hegel. Como en la universidad de Berlín prácticamente no le llegaron a conocer, decide entregar su trabajo de fin de carrera en la Universidad de Jena, y a los 10 días, obtiene su doctorado. Aunque no todo son celebraciones, pues las pésimas calificaciones sobre su comportamiento en la universidad de Berlín, le impiden realizar su sueño: convertirse en catedrático de la universidad, tan sólo consigue la plaza de un modesto redactor en un periódico de Colonia, y será precisamente allí donde comienza a producirse el gran cambio en la personalidad de Marx,  pues hasta aquella fecha, la profunda miseria en la que vivía la mayoría de la población, no le había afectado de forma especial, pero todo comienza con unos episodios que se repiten con frecuencia en aquella localidad: son los  robos de importante cantidades de madera que serán el centro de un artículo suyo,  en el que defiende a los ladrones – por su precaria situación laboral – acusando al Estado de convertir a los ciudadanos en ladrones, perjudicándose, al mismo tiempo, a sí mismo. Luego, con gran habilidad, Marx sabe resarcirse del problema, manifestando que “hay que afrontar estas ideas comunistas que son las que realmente representan un peligro para el Estado”. Su reputación sube como la espuma. Le nombran redactor jefe y su periódico tendrá el dudoso honor de recibir el mote “La puta del Rhin”. 

Finalmente, Marx se harta de la situación y tira la toalla. Además tras 7 años de noviazgo, contrae matrimonio con su amada Jenny, y se van a vivir a Paris donde en aquel momento viven unos 85.000 alemanes.  A diferencia de sus amigos, la mayoría de los de izquierdas que, conmovidos por la miseria y pobreza reinante, asisten a reuniones clandestinas, Marx está trabajando duro, en su modesto estudio en la rue Vaneau, dando un giro de 180º a la filosofía de Hegel, según la cual el Estado y sus leyes son  la reencarnación de la razón divina. Marx manifiesta con contundencia “el Estado es solo un abstractum, en cambio el Pueblo es lo concreto”.

Aunque en un principio, sus conocimientos sobre Economía son escasos, el sí ve que la sociedad capitalista, con su propiedad privada,  (p.e. los fabricantes) “crea” una clase contraria a la suya, el proletariado, es decir, la gran mayoría de la población, trabaja a cambio de un salario, pero solo participa en la producción de un producto, y nunca será propietario del mismo. Además, señala que este proceso tiene otra grave consecuencia: “va matando la fuerza creativa del hombre”. Y resulta interesante que Marx, antes de elaborar una teoría científica de sus ideas, ya tiene muy claro en qué lugar debe de producirse la gran revolución: en el país más subdesarrollado de Europa del Oeste: Alemania. Está convencido de estar en el camino hacia la única verdad, con lo cual se vuelve cada vez más autoritario. A pesar de todo ello, logra encontrar un amigo, el único, en toda su vida, el hijo de un fabricante: Friedrich Engels, que ayudará económicamente a la familia Marx y comparte sus ideas: el obrero solo puede librarse de su dependencia económica a través de un acto revolucionario.

La situación económica de la familia se va agravando, pues Marx publica 2 artículos, abiertamente antiprusianos, y el gobierno de Berlín inicia los trámites de un expediente por alta traición que le obliga abandonar Francia. A Alemania ya no puede regresar y se instala en Bruselas, habiéndose convertido en un apátrida, hasta su muerte. Al igual que antes en París, ahora desde Bélgica, intenta imprimirle al “nuevo socialismo” un aire científico, y junto con Engels crean el documento más emblemático y más conocido “El Manifiesto del Partido Comunista”,  que clama  “Proletarios de todo el mundo, uníos” y que viene a reflejar la historia de la humanidad, una lucha permanente entre opresores y oprimidos, comenzando por la famosa frase: “Un fantasma recorre Europa, el fantasma del Comunismo”. Ni antes, ni después, ha sido redactado un panfleto que originara tanto odio y tanto espíritu de lucha.  

Año 1848, Europa es un hervidero de revoluciones, y parece que  los pueblos quieren liberarse de los aun existentes sistemas feudales, pero a pesar del hambre, el paro, la explotación y opresión del proletariado, en realidad se trata de una acción de los liberales. Los obreros son meros ayudantes, y está en el punto de mira  libertad de la ciudadanía, no del proletariado. Aunque en Alemania haya miles y miles de trabajadores mal pagados, hambrientos,  no son capaces de organizarse. Pronto se vislumbra el fracaso de la rebelión de la burguesía y Marx, por primera vez, no es capaz de valorar el fracaso, pues está convencido de que los “rojos” o comunistas, en París, volverán a rebelarse. El confía en una rebelión mundial y, pide al pueblo a rebelarse contra la Rusia reaccionaria y los numerosos familiares del Zar. Finalmente, le detienen y tiene que comparecer ante un juez  Vendrán a verle unos reporteros, norteamericanos, que trabajan para el  New York Daily Tribune, y nos dejan la siguiente descripción de aquel hombre, ya mundialmente famoso: “Un varón, de unos 30 años, de estatura mediana, corpulento, con unos finos  rasgos faciales, bajo una abundante cabellera de rizos negro, tras su porte comedido, se  adivina un alma apasionado.” 

Helene Demuth

Finalmente, vence la contra-revolución, y cuando la burguesía media y alta, vuelve a coger las riendas, Marx  tiene que abandonar Alemania, y su siguiente “ogar será Londres.  No será hasta la fundación de la llamada Asociación Internacional de Trabajadores en 1864 que Marx recupera una cierta influencia. Tras su huida a Londres, junto con la familia, comienza su verdadera tragedia, pues al principio pueden costearse una modesta vivienda  en Chelsea, pero pronto la falta de medios les obliga a mudarse a Soho, un barrio sucio, pobre. Un agente de la policía secreta prusiana, encargado de vigilar a Marx, describe las miserables condiciones de vida de la familia, y para añadir otra desgracia, la niñera, una mujer alemana (Helene Demuth) que les había acompañado desde su huida a Londres,  es madre de un niño, con un innegable y sorprendente parecido con Marx, pero él lo niega categóricamente y no reconoce al niño como hijo suyo. Aunque mundialmente famoso, Marx es un hombre solitario. En 1881, su queridísima Jenny sucumbe a un cáncer, y él, enfermo de un absceso en los pulmones, le sigue 15 meses después, a su última morada. A excepción de su fiel amigo Engels, acude muy poca gente a su entierro. De los 7 hijos, 6 niñas y 1 niño, sobrevivirán 3 mujeres, de las que dos, a una temprana edad, se suicidarán. 

Marx no era “marxista”, es decir, rechazaba el culto a la persona, pero si, había manifestado abiertamente que iba a escribir “el libro de los libros”. Y así fue, a partir de 1860, Marx comienza a concentrarse en su obra “El Capital”, cuya idea principal es “la ganancia de los empresarios se origina en la explotación del trabajador”. Cada día acude al Museo Británico donde lee y estudia libros y revistas, convencido poder acabarlo en unos meses, pero no será hasta 1867 cuando se publica el primer tomo, y los 2 siguientes, será ya tras su muerte. Efectivamente El Capital será uno de los libros más famoso, pero también el menos leído, por su extraordinaria complejidad.