Friedrich Wilhelm Nietzsche

De todos los grandes pensadores alemanes, sin lugar a dudas, el “eterno escéptico” tiene la peor fama. Su nombre: Friedrich Wilhelm Nietzsche. Aún a día de hoy hay voces que mantienen que su filosofía fue fundamental para  la barbarie del Nazismo.

El “l’enfant terrible” entre los filósofos alemanes, es conocido como el eterno escéptico, el nihilista per sé. A diferencia de Hegel o Marx,  rechaza la fe en el progreso y se hace popular como un férreo ateísta, pues en su obra Zarathustra, o también titulado  “El Libro para Todos y para Nadie”, a través de las tres palabras   “Dios ha muerto” no deja lugar a dudas sobre sus creencias. Ni tampoco sobre  su aparente odio hacia las mujeres, cuando escribe “¿Vas con mujeres? Entonces, no olvides el látigo”. Y con respecto al Cristianismo, nos dice  “La vida, tal como es, no tiene sentido, ni un gran final, pues acaba en la Nada. Tan sólo el sinsentido es eterno”. Al plasmar sus pensamientos filosóficos a través de aforismos, se expuso a la sospecha de no ser realmente  un pensador académico, como sí lo fueron Kant o Hegel. Efectivamente, sus enseñanzas no tienen ninguna forma académica y no están libres de contradicciones, al igual que toda su vida, parecida a un auténtico martirio: “… raras veces, alguien ha tenido que pagar un precio tan elevado por ser un genio.Nietzsche sufría de unas terribles migrañas – cuyo origen, a día de hoy,  no está claro – ,  y que finalmente le llevaron a la locura.  Posiblemente  fuera esta enfermedad la que le llevara a tener una elevadísima autoestima.  

A la edad de 24 años, debido a su firme decisión de dejar de formar parte de “esa especie  de asociación de súbditos prusianos”, automáticamente  se convierte en un apátrida, al igual que Karl Marx. Con orgullo, habla de la sangre polaca en sus venas  y también solía decir ”la influencia aria ha acabado corrompiendo al mundo”. El siente un profundo menosprecio hacia los alemanes por su nacionalismo extremo y por su profunda “estupidez antijudía”. Defiende una sociedad en la que una elite, compuesta por personas heroicas y de exquisita educación, sea la clase dominante que estaría  autorizada a  abusar del populacho,  para sus propios fines egoístas. Pero esta especie de “quintaesencia” de su  filosofía “vital” no es ni mucho menos todo. De su filosofía de vida nacería el llamado Existencialismo. Y al igual que su maestro Schopenhauer, él  defiende  que debe de ser la voluntad y no la razón el principio  de la humanidad.

Según estimaciones oficiales,  el 25% de los pensadores y poetas alemanes, nacidos desde la Reforma (1517)  hasta el 19OO, son hijos de pastores protestantes y Nietzsche, el poeta/filósofo, no será una excepción. Nace el 15 de octubre 1844 en Roechen, un pequeño pueblo en el land Sajonia. Su padre, un hombre sencillo, serio, es el pastor de la pequeña comunidad. Luego nacerá Elizabeth, su hermana, a la que luego Nietzsche le pondrá el cariñoso apodo “el lama”.  ¿Por qué? Por las observaciones llenas de autentico veneno que ella solía “escupir”, al igual que este  curioso animal. Otro hermano, más pequeño, muere a los 2 años. Luego están la abuela y dos tías, y todas ellas marcarán las pautas en este “idílico” hogar, tan femenino, pues el padre es víctima de un tumor cerebral cuando el pequeño tiene tan solo 5 años. Posiblemente este ambiente, exclusivamente femenino, lleno de constantes  disputas entre las cinco mujeres, contribuye de tal manera al carácter del niño que el joven Nietzsche, ya lejos de casa, desarrolla una especie de bipolaridad en sus sentimientos hacia la mujer, pues la desea y, al mismo tiempo,  la teme, tal como lo plasma en sus escritos donde siempre alaba  el dominio del hombre sobre la mujer, diciendo “La felicidad del hombre se titula: yo  quiero”, y la felicidad de la mujer se titula “él quiere”. 

En 1859, esta familia de mujeres cambia de domicilio y se van a vivir a  una humilde vivienda, oscura, con lo cual aumenta la miopía del pequeño, así como también los constantes dolores de cabeza, seguramente heredados de su padre. Cuando comienza a ir al colegio ya sabe leer y escribir, pero tiene problemas con la rudeza y brutalidad de los demás niños, aunque no se rebelará, sino todo lo contrario, pues se muestra más disciplinado que todos los demás, como cuando un día,  camino a casa, a los niños les sorprende un tremendo aguacero. Todos van corriendo a casa, él no. Él llega a su casa, totalmente empapado,  pero no importa. Él sabe que en el camino a casa está prohibido correr y saltar. Posee un oído finísimo para la música y recibe  clases de piano. Tras escuchar el Mesías de Haendel decide ser compositor y a los 8 año presenta una pequeña composición suyas.  Efectivamente, tras su muerte, dejará unas 70 pequeñas composiciones, sin valor alguno, aunque a Nietzsche, como filósofo de la música, sin lugar a dudas, nadie le ha superado.

Tras leer obras de Goethe, el pequeño  decide ser poeta y con 10 años comienza a escribir poemas. Ya lleva un diario donde plasma sus pensamientos, sus ideas y, si bien tiene amigos, es un joven solitario que, junto con su hermana, intentan consolarse, por su evidente superioridad intelectual. A los 14 años y gracias a sus extraordinarios resultados escolares, consigue una plaza  gratuita  en la Escuela Real. Él explicaría  que “a las 4h de la mañana comienza el día, con una auténtica lucha por conseguir una plaza en las duchas y los baños;  después de los rezos matutinos y el desayuno – un vaso de leche y un panecillo,  comienzan las clases a las 6, y tras las interrupciones por más rezos y una breve comida, las clases continúan hasta las 19h. A las 21h se apagan las luces”. 

Nietzsche recordará aquellos años como un autentico horror. Sus notas bajan, aunque continua siendo el tercero en clase. Seis largos años estará en este internado donde añora su casa, su familia. Los fuertes dolores de cabeza que se presentan en forma de ataques, se repiten  cada vez con más frecuencia, de modo que  recibe una dieta especial. Según los médicos,  se trata de  un joven corpulento con una mirada extrañamente penetrante”.

Sus asignaturas favoritas son el griego y el hebreo, y a los 17 años recibe la llamada “confirmación”, por su religión protestante. El joven llega a la conclusión de que “la religión es  una ciencia especulativa,  puesto que nada se puede demostrar: ni la existencia de Dios, ni la inmortalidad del alma. Y, aún menos, los milagros de los que habla la Biblia” Para él,  llegar a esta conclusión,  no significará ninguna crisis, ya que se va produciendo de forma lenta y paulatina, dentro de un proceso que él llama la “liberación” de la fe.

No logra disfrutar de sus primeros años como estudiante – posiblemente también por la falta de medios económicos – primero  en Bonn y luego en Leipzig, donde se va a producir el gran cambio. Y será en una librería, al descubrir una obra de Arthur Schopenhauer, titulado “El Mundo como Voluntad e Idea”-  en la que el autor, a diferencia de Kant y Hegel, manifiesta que no es la razón, sino la voluntad, puro anhelo, que habita en el hombre. A Nietzsche le fascina este nuevo planteamiento, y lo  hace suyo. Y será también  en Leipzig donde conocerá a Richard Wagner. Un encuentro que le impactará por la marcada personalidad del compositor que, además, considera que Schopenhauer es el único filósofo que ha sabido reconocer la esencia de la música. 

Tiene tan sólo 24 años, y sin haber terminado sus estudios o poseer algún título, Nietzsche es nombrado profesor para lenguas antiguas en la Universidad de Basilea donde permanecerá durante 10 años y durante los que profundizar su amistad con Wagner que vive allí con Cósima, la hija del compositor F. Liszt. Nietzsche escribe su primera obra filosófica, dedicado a Wagner.  “El Nacimiento de la Tragedia desde el espíritu de la música” . Su libro, alabado enormemente por el propio compositor, recibe como respuesta un silencio glacial o bien comentarios como “espiritualmente irrelevante” por parte de los entendidos en la materia. No obstante,  luego será precisamente la tragedia el centro de todas sus obras, pues según él, es  el hilo conductor en la vida del hombre, ya que no hay redención – como predican los cristianos. Según Nietzsche, sólo hay  la Muerte, el Ocaso y la Nada.

Seis años dura la amistad con el compositor de moda, Richard Wagner y el último encuentro  entre los dos se produce en Sorrento donde Nietzsche pasa sus vacaciones de invierno. Durante un paseo, Wagner, satisfecho y orgulloso, habla de su última obra “Parsifal”. Nietzsche, en cambio, critica las incongruencias de la misma, pues los caballeros del Santo Grial parecen  cristianos, son bautizados y  celebran el Viernes Santo.  Lo que Nietzsche ya sospechaba, ahora es un  hecho: Wagner ha cambiado. Ahora es un hombre servil ante su entusiasmado público, se pone de rodillas ante la cruz de Cristo. Y allí, en la oscuridad de la noche, y sin decir una sola palabra, desaparecen. Cada uno coge un camino distinto, nunca se volverán a ver.

Mientras, el estado de salud de  Nietzsche  va empeorando, y las terribles migrañas y vómitos que sufre de forma constante, le recuerdan  la enfermedad y temprana muerte – a los 36 años – de su padre. Allí en esa soledad que le obliga a guardar cama durante meses – también va perdiendo la vista – comienza a pensar  en la utilidad de casarse. Se enamora, más de una vez, pero siempre desde la lejanía. También pide matrimonio, siempre por carta, y bien  aconsejado, por una buena amiga suya, 28 años mayor que él y que perteneciente a la pequeña nobleza.  Su enorme timidez y sus complejos le impiden  hacerlo de forma directa. Y mientras,  el va perdiendo fuerzas y le pide a su hermana que venga a vivir con él.  A pesar de sus tremendos sufrimientos, escribe una de  sus obras más importante “Humano, demasiado humano” que contiene sobre todo aforismos.

Nietzsche, a pesar de su más que precario estado de salud, retoma sus viajes. Niza, Italia, y, es cuando nace su obra tal vez más conocida “Así habló Zaratustra” (el nombre de un profeta persa) en la que habla de la muerte de Dios, un ente sobrenatural que tan solo es el producto de la imaginación del hombre, con lo cual, también desaparece la moral que predica sobre el amor al prójimo, y dice “la Guerra y el Valor han conseguido cosas mucho más grandes que el Amor al Prójimo. Su libro no recibe buenas críticas, sino todo lo contrario, mofas. Las mujeres que él, en su libro rebaja a meros juguetes, en su vida real él ni siquiera se atreve a  mirarlas a los ojos. Acaso ¿todas sus teorías son las fantasías de un fracasado? La obra no se vende y Nietzsche está desesperado. La madre y la hermana le presionan para que vuelva a trabajar como profesor.  En el último año de su vida “consciente” (1888),  puede celebrar un último triunfo: la Universidad de Copenhague incluye en su nuevo Plan de Enseñanza “La Filosofía de Nietsche”. 

Vive temporalmente y realquilado en Turin cuando comienzan a producirse las señales de un colapso  mental, a través de diferentes episodios, como enviando cartas que firma como “El crucificado” o “Dionysos”. Su madre y su hermana cuidan de él y comienza a ser famoso. Demasiado tarde. El 25 de agosto 1900, Friedrich Wilhelm Nietzsche cierra los ojos para siempre.  

El filósofo Martin Heidegger diría : “la lectura y comprensión de la obra de Nietzsche, en toda su dimensión, ni siquiera ha comenzado.”