Casitas bonitas en mi pueblo

Cuando uno se pasea por las calles de muchos pueblos y ciudades de la costa mediterránea catalana se nos deleita la vista con un seguido de casitas señoriales del siglo XIX e inicios del XX. De estilos variados, se acentúan las construcciones modernistas, neoclásicas y noucentistas, entre otras, diseñadas por grandes arquitectos de renombre. Casas que destacan por encima de las demás con acabados nobles, patios elegantes y cambras amplias y de alto gusto decorativo. Casas que reciben el nombre popular de “casas indianas”. Y es que, efectivamente, muchas fueron pagadas, impulsadas e habitadas por esas familias de enriquecidos regresados de las colonias americanas al estado español después de “hacer las Américas” (de hacer fortuna).
El legado indiano, que va mucho más allá de las obras arquitectónicas de nuevos estilos artísticos que se fueron desarrollando en el tiempo – ferrocarriles, infraestructuras e impulso económico en sus regiones -, ha sido durante tiempo un elemento de promoción turístico-cultural. De hecho, existen distintas redes intermunicipales que se dedican a la glorificación de estos individuos y familias, acentuando su contribución patrimonial a nuestra historia.

Aun así, y sin ánimo de poner en cuestión en que tuvieron un papel importante en nuestra historia, si que sería necesario indicar ciertos apuntes referente al enaltecimiento ciego de estas figuras, hecho que edulcora un pasado colonial y de extrema violencia a las que se sometieron las poblaciones americanas y africanas en América que provocaron – directa o indirectamente – el enriquecimiento de estos indianos.
Precisamente, un hecho innegable de estos regresados indianos fue el hecho que hicieron sus fortunas en contextos coloniales. Es decir, contextos de opresión y poder legal, jurídico y práctico por encima de otras personas. La gran mayoría se asentaron en Cuba, donde el auge económico de la cual gozaba la colonia procedía, sin medias tintas, del mercado y la producción del azúcar. Azúcar que fue producido por esclavos africanos y trabajadores forzados de América e Asia – el fenómeno coolie con trabajadores chinos. La plantación de azúcar, su procesado y su comercialización fueron las vías rápidas y más usadas para hacer fortuna, hecho que expone que esta retribución que los indianos hicieron en sus regiones de nacimiento tenía origen en elementos opresivos de por sí.
En mi opinión, pero, no se trata de derruir todos sus elementos, ni tampoco borrarlos de la historia. Si más no, explicar y contextualizar bien cada individuo y cada pasado y a partir de ahí decidir qué hacer. Entender que la riqueza y la ostentación de algunos con nombres y apellidos provino del sufrimiento de muchos más que hoy en día siguen siendo anónimos. Es más, el trabajo de reeducación y revisión histórica es más que necesaria para que muchas personas que hoy en día forman parte de nuestras sociedades tengan un reconocimiento histórico a sus luchas en contra de las opresiones sufridas por sus antepasados. Memoria histórica para construir horizontes solidarios en el presente y proyectar un futuro mucho más justo.