El Carnaval

De lo que es, y de lo que no es, el Carnaval

Quien me conoce sabe perfectamente que a un servidor le fascinan las fiestas populares y las particularidades culturales de cada municipio. Y es que, para muchos, son elementos de identidad y de cohesión comunitaria en nuestros pueblos y ciudades de origen, siendo temporadas marcadas en el calendario donde toda la vida social gira alrededor de estos eventos. Precisamente, ahora mismo nos encontramos a una semana vista del Carnaval, la fiesta popular de orígenes paganos más extendida por el conjunto del mundo occidental. Desde Alemania a Italia, pasando por nuestras tierras, Andalucía y el conjunto del continente americano, multitud de personas históricamente se han volcado a participar durante una semana o más en estas fiestas antes de la llegada de la oscura Cuaresma.

Origen del Carnaval

Aunque los orígenes históricos de esta fiesta pagana son aún motivo de discusión entre los historiadores, conviene destacar que la presencia de los carnavales está plenamente asentada desde la Edad Media en los países cristianos. Su temporalidad, marcada por el calendario religioso, se sitúa una semana antes de empezar la teórica temporada de ayunos y abstinencia que precede la llegada de la Pascua. Y de ahí reside la importancia que une los carnavales de todo el globo: la celebración, el exceso y la desinhibición antes de las largas restricciones anuales impuestas por la doctrina cristiana.

Aunque los orígenes históricos de esta fiesta pagana son aún motivo de discusión entre los historiadores, conviene destacar que la presencia de los carnavales está plenamente asentada desde la Edad Media en los países cristianos. Su temporalidad, marcada por el calendario religioso, se sitúa una semana antes de empezar la teórica temporada de ayunos y abstinencia que precede la llegada de la Pascua. Y de ahí reside la importancia que une los carnavales de todo el globo: la celebración, el exceso y la desinhibición antes de las largas restricciones anuales impuestas por la doctrina cristiana.
El combate entre don carnal y doña cuaresma
Pieter Brueghel el Viejo


Por un lado, la Iglesia nunca ha reconocido el Carnaval como una fiesta cristiana oficial y las autoridades civiles en la Edad Media y Moderna buscaron restringirla, prohibiendo ciertas prácticas públicas o distintos disfraces provocativos criticando al poder. Aun así, las fiestas carnavaleras siempre encontraron apego en el pueblo, que dedicó ingenio y tiempo en celebrarlas hasta el día de hoy. Cabe destacar, pero, que, aunque se buscó siempre desde el poder poner límites a la euforia y fiesta popular, en tiempos de Carnaval siempre existió a la práctica cierta permisividad. Permisividad que las clases populares usaron para ridiculizar muchas veces el poder, la religión y la absurdidad de la vida misma.

Así pues, el Carnaval actuó como válvula de escape para mucha gente que durante todo el año sufrían explotación severa en sociedades altamente desiguales. A modo de ejemplo en la época contemporánea, podemos poner la aclamación popular de la República en medio de la semana de Carnaval en los años de la dictadura de Primo de Rivera, haciendo las autoridades la vista gorda.
Por otro lado, generalmente los Carnavales han tenido apego a esas comunidades más desfavorecidas por los modelos imperiales de las sociedades europeas en el Nuevo Mundo. En este sentido, las comunidades afrodescendientes que fueron esclavizadas destacaron por la celebración de ciertos elementos originarios de sus culturas africanas juntamente con elementos propios de culturas originarias de América en las semanas de Carnaval. Danzas, tambores y plumas, hoy institucionalizados y promocionados precisamente por el poder civil, fueron originalmente elementos de resistencia a la ideología cultural de los poderes imperiales.


Para finalizar, me gustaría terminar esta pequeñísima reflexión con una mención al refranero popular catalán. Este último es rico en expresiones alrededor de las fiestas carnavaleras, indicando su larga presencia en nuestra historia y nuestra forma de ver el mundo desde abajo. Una visión popular, desacomplejada y bromista, en contra del poder, las tradiciones y las finas culturas de las élites. Y es que el archiconocido “Per Carnaval, tot s’hi val!” le preside, en mi opinión, un refrán mucho mejor: “Les bromes de Carnestoltes són penes de Tots Sants”. En este sentido, pues, pregúntense si sus amigos nacidos a finales de año no tengan nada que ver con algún martes bien divertido de Carnaval.