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Hoy en día es prácticamente innegable que, en el imaginario colectivo de las generaciones nacidas desde los ochenta a inicios del segundo mileno en Catalunya, no se consideren muchas animaciones japonesas como culturalmente propias. Realmente, es muy improbable que ninguna persona nacida entre estas dos décadas no conozca a Goku, a Doraemon, al Detective Conan o a Luffy – sombrero de paja. Precisamente, multitud de series japonesas aterrizaron en la televisión pública catalana y acercaron la lengua catalana, a la vez que la cultura popular nipona, a multitud de nuevas generaciones. A partir de ahí, el fenómeno de la animación japonesa entró con fuerza en las televisiones privadas castellanas, que empezaron también a doblar algunas de estas series para el público hispanohablante.
La gran cantidad de capítulos doblados, de personajes diferentes, de historias con tramas que enganchaban hasta a los más adultos, hicieron de la programación de TV3 una de las mejores de Europa en contenido de series de este país oriental. Estas series, con un doblaje exquisito y claramente trabajado, encantó a un público no solo catalanohablante de nacimiento, sino a una multitud de personas castellanohablantes que se lanzaron a consumir series de anime en catalán. De hecho, muchos de los últimos se mantuvieron fieles al doblaje en catalán aún existir el castellano porque en general el primero siempre se consideraba claramente mejor, más original y con un vocabulario curioso, hasta divertido, que no se escuchaba incluso en muchas casas catalanas. A modo de ejemplo, podéis recordar los insultos irreverentes del personaje Vegeta en Bola de Drac Z.


Las series niponas tuvieron apego entre el público infantil y juvenil por varios motivos. En primer lugar, su exotismo. Creo que el hecho de observar la representación de la sociedad japonesa impactó de lleno en las mentes de mucha gente joven, que veían Japón como un espacio exótico y desconocido. En segundo lugar, la gran cantidad de diferentes temas que trataban. Había series de deportes (Slam Dunk), de jóvenes que tenían problemas de amor en su día a día (Kimagure Orange Road), de luchas (Bola de Drac, Inuyasha…), de chicas con superpoderes mágicos (Sailor Moon, Sakura…), series con tramas psicológicas para adultos (Monster, Death Note…), etc. En consecuencia, todo el mundo pudo encontrar, en un momento donde la programación era limitada, alguna u otra serie que le gustara por sus mismas actividades sociales o sus experiencias personales. Este hecho influyó en el crecimiento de algunas generaciones – un servidor se encuentra en una de ellas-, que incluyeron en su imaginario colectivo estas series niponas como parte ineludible de sus infancias y adolescencias.
Aun así, este relato tuvo su fin hará ya casi una década, cuando TV3 decidió dejar de financiar la compra de programación japonesa y creó una televisión de deportes. La programación infantil y juvenil, a partir de ese momento, cayó en el más estricto olvido, a excepción de la Festa dels Súpers, que aguanta como puede en los tiempos del mundo digital. De hecho, a muchos de los que nos hemos hecho mayores viendo la programación infantil y juvenil en catalán de TV3 nos duele observar como hoy en día no existe una programación sólida que acerque a los jóvenes el entretenimiento en catalán. Ya no es el hecho de las series japonesas, sino el conjunto del uso del catalán en el ámbito de ocio y entretenimiento. Ya no encontramos nuestros pequeños hablando de Les Tres Bessones o de Una mà de contes, aparte de todos los otros animes, sino de redes como TikTok o contenido doblado en las redes. Cabe decir que no soy yo nadie que se oponga a la visualización de contenido doblado al castellano y al inglés. Claramente, este hecho refuerza el uso de lenguas globales, pero va en detrimento del aprendizaje y futuro del catalán – al ser una lengua minoritaria – para las generaciones venideras.


Con todo, observando que plataformas en línea como Netflix o Amazon Prime tienen un contenido pequeñísimo de doblajes al catalán, y la situación actual de la programación en la televisión pública en catalán esta claramente bajo fondos, creo más que necesario una reinvención de la programación infantil en la televisión pública catalana. Personalmente, tal y como proponen plataformas como Recuperem 3XL, cerraría la programación deportiva – que no puede realmente competir con las cadenas privadas – y relanzaría la idea del Canal Super 3 y 3XL, así como una apuesta clara para realizar contenido en línea. Se debe recuperar la apuesta por contenido hecho en el país y, también, acercar de nuevo series japonesas de animación que, de hecho, tienen grandes éxitos en todo el mundo con doblajes a muchos otros idiomas. Hoy en día Catalunya no tendría la japonofilia que tiene si no hubiera sido por estos doblajes al catalán. ¿Queremos de verdad perder esta riqueza lingüística y cultural?