El circo del capitalismo

Recientemente, una conocida firma de moda no apta para todos los bolsillos (al menos para el mío no) ha sacado a la luz su último modelito: se trata de una pieza entera color azul vergara con unos toques como manchas de distintos colores. Si en tu cabeza ha aparecido Julián, el pintor de tu barrio, con su mono de trabajo manchado de pintura es que has acertado imaginando el nuevo trapito de Ralph Lauren.
Su precio ronda los quinientos euros, y todo eso con un descuentazo del 30%, una ganga en toda regla. A partir de ahora, los ricos podrán vestir como lo hacemos los pobres, como si fueran todos unos héroes de la clase obrera.


Sin ningún tipo de reparo la han publicado y puesto a la venta para mayor mofa de los que vestimos esa ropa a diario arriesgando nuestras vidas subiendo andamios, repartiendo paquetería o metiéndonos debajo de un tren.

Mono de trabajo de Ralph Lauren.

“- Uy, pero… ¿Y ese pedazo de look que llevas?

– Señora, soy el camionero de Correos.”

¿Pero qué es esto? Ya os lo diré yo: un circo. El circo del capitalismo. Hay gente que vive en una constante nube de desenfreno, excesos, y soberbia a costa de las clases populares porque así está diseñada esta sociedad: algunos vinimos a este mundo para generar riqueza y otros para llevársela, a nuestra costa evidentemente. Y por si el tema de la distribución de la riqueza fuera poco, viene ahora esta gente de la moda y se ríe en nuestras caras por enésima vez.

Realmente me gustaría conversar con el lumbreras que tuvo la idea de este gran diseño, para que me explicara por favor su visión acerca de su “obra de arte”, si las manchas de pintura tienen algún significado tan profundo que no puedo llegar a comprender o si se inspiró viendo a Julián pasar por su calle manchado hasta las cejas, tras doce horas de jornada, cargado de cubos, rodillos y brochas.

¿Y el que lo compre? Están a punto de agotar las existencias en la tienda web, así que habrá interesados e interesadas en lucir este modelito. ¿Será indicado para acudir a cenas formales? ¿Combinará bien con una gorra de publicidad? ¿Tendrá que llevar camiseta debajo?

Que cada cual vista como quiera, solo faltaría… Si la humanidad empezó con dos personas vestidas con una sola hoja de parra, no seré yo quien prohíba a esta gente vestir un mono de pintor. Pero ese no es el trasfondo de mi crítica, sino de lo que es capaz la gente que domina este sistema en el que vivimos, o sufrimos, y en el cual quieren que nosotros seamos sus leones, focas y payasos. Vamos, que seamos los personajes de su circo, y ellos mirando desde la grada con sus monos de quinientos euros, palomitas bañadas en oro y con alguna mancha de sangre de obrero en sus manos.