Popper y la tolerancia

Catalunya se encuentra nuevamente a las puertas de unas elecciones, en cuestión de dos semanas los catalanes podremos elegir (otra vez) a nuestros representantes en el Parlament. Digo otra vez porque teniendo 23 años de edad tengo la sensación de haber votado en más elecciones que mis padres.

Como siempre, lo que precede unas elecciones es la campaña electoral y ésta se presenta más divertida que nunca: La antigua “Convergència”, después de múltiples escisiones y cambios ha quedado repartida en distintos partidos que se van a presentar por separado, uno de estos partidos “Junts” por ahora aún no ha publicado ni su programa electoral…
Los Socialistas (socialistas de nombre, no de ideología) quieren probar al ahora exministro de sanidad Salvador Illa como candidato, y la ultraderecha pretende entrar en el Parlament.

Últimamente he notado que un tema candente de conversación política es el de la supuesta tolerancia y con ella el ceder espacio público, blanquear y normalizar la ultraderecha y/o el fascismo. Aquí, como siempre, habrá gente que sea de la cuerda de aquella frase que dice: “todas las opiniones son respetables” u otra muy graciosa que dice “debemos ser tolerantes con el resto de opiniones”.

Pues no, ni todas las opiniones son respetables ni debemos tolerarlo todo. Para empezar voy a citar a un filósofo austríaco llamado Karl Popper y uno de sus trabajos “La Paradoja de la tolerancia”. Popper decía que en una sociedad ilimitadamente tolerante esa capacidad de tolerancia sería reducida o directamente eliminada por los intolerantes. Esta paradoja es perfectamente aplicable al debate que planteo sobre si deben o no deben ser respetadas todas las opiniones. Según Popper, ¿Qué ocurriría si toleramos la ultraderecha? ¿Si toleramos el fascismo? ¿Si toleramos el “identitarismo” del FNC, por ejemplo?
Ceder ante sus discursos y normalizarlos en los medios de comunicación, en las calles, en nuestros círculos solo hace legitimar el odio que crean. Para que sus opiniones fueran respetables, primero deberían tomar un serio compromiso con la democracia y con la Declaración Universal de los derechos humanos, documento que se pasan por el forro cada vez que alguien de alguna de estas organizaciones abre la boca.
Así que no, no tenemos que respetar a aquellos que no respetan. Así de claro, simple y llano.
No debemos ceder ni un solo espacio a la ultraderecha reaccionaria ni al fascismo, que por desgracia sigue formando parte del espectro político del siglo XXI. Y eso pasa por no votar ni apoyar sus discursos totalitaristas, xenófobos y machistas, por reaccionar ante un caso de violencia fascista, por mirar alrededor en nuestro trabajo… Como siempre, el fascismo ha ido acompañado de un discurso populista muy fuerte y que en tiempos de crisis como el momento actual ha calado muy fuerte en ciertos sectores de la sociedad, a veces llegando a incidir en algunos grupos de la sociedad que nunca habríamos imaginado que podrían llegar a sentirse atraídos por estas “opciones”. Es por esto, que los discursos del fascismo y la extrema derecha nos los podemos encontrar en cualquier rincón y hay que estar alerta para erradicarlos.

Permitidme que haga un pequeño paréntesis aquí, y centrarme un poco en el particular caso de Catalunya. Por si no lo sabéis, aquí recibimos doble ración de fascismo y odio, por si teníamos poco con ciertas organizaciones ultraderechistas españolas, amigas del franquismo y de las de brazo alzado, tenemos la misma mierda pero disfrazadas de independentismo. Aunque es poco fina, aquí hay una frase que nos serviría como “protocolo de identificación”: “si actúa como un nazi, piensa como un nazi y se mueve con nazis: es un nazi.” ¿Fácil, no? Pues aquí lo mismo, pero con la dificultad añadida que se esconden entre la senyera y la estelada. Por suerte, son cuatro contados, pero no por ello debemos despreocuparnos. Hay que combatirlos igual. Defienden una “Catalunya catalana”, es decir, en la cual no existo ni yo mismo, por mis raíces. Por lo que si va en contra de mis principios e incluso contra mi mismo, ¿Por qué motivo debería respetarles?.