El cuento del sastre feliz

La transición inacabada

Hace muchos años vivía en un pueblo costero un sastre. Ese pueblo estaba gobernado por un ogro malvado y sanguinario. La mayoría de la población vivía atemorizada, algunos habían huido a otros reinos para salvar su vida; pero existían hombres y mujeres que eran muy felices bajo la sombra protectora del malvado ogro. Nuestro sastre era de estos últimos, hombre de ley y orden, le gustaba ostentar el poder, eso sí, siempre escondido detrás del ogro, moviendo los hilos y haciendo todo lo que le viniese en gana, ya que él era también parte de la ley.

Pero el tiempo pasa y el malvado ogro murió. Sus partidarios estaban muy tristes, ¿ qué harían ahora sin su ogro protector ?. Nuestro sastre ya no era feliz, pero era un hombre astuto, muy  listo, y supo adaptarse a los nuevos tiempos, es lo que ahora llamamos “reinventarse”, pero también cabe recordar que como nuestro sastre hubieron otros que cambiaron rápidamente la camisa llegando a ser gente muy importante en el pueblo.

Como dije antes, el ogro ya no está, la gente del pueblo estaba feliz porque podrían votar a un nuevo gobernador. Nuestro personaje hábilmente movió los hilos para colocar a su hijo, un insensato, en los círculos del poder. Así pues, mientras los aldeanos celebraban que habían escogido a un nuevo gobernador, otros aplaudían, entre ellos nuestro sastre, porque seguían disfrutando del poder de antes, pero eso si, se les oía susurrar que: el ogro es muy malo y que el antiguo cargo se lo había ofrecido y no podían rechazarlo

Nuestro sastre volvió a ser feliz. El primogénito de la familia se había transformado en un hombre de provecho, alguien respetado por la gente y, como no podía ser de otra forma, los refranes populares nunca fallan : “ De tal palo, tal astilla”. El hijo de nuestro personaje estaba en segunda línea ( más por incapacidad que por voluntad propia ), moviendo los hilos, metiendo las narices en todas partes, pero siempre con la aprobación del gobernador de turno. Los años pasaban y el hijo del sastre se movía con rapidez, fue escalando posiciones y poder hasta que llegó a la capital del reino. ¡ Que gran triunfo !, un cantamañanas, un insensato disfrutando de un poder importante. Pero como su padre, siempre desde la sombra, siempre sin dar la cara, utilizado por los más poderosos para los trabajos políticamente incorrectos. 

El niño era un triunfador, el sastre era muy feliz. Ni en los mejores y húmedos sueños podía imaginar que su heredero llegase tan lejos y además, todo esto con unos buenos dineros a final de mes, que nunca sientan mal. Pero el tiempo pasa para todo el mundo, y así el hijo del sastre se jubiló, “es un merecido descanso” dijo a sus allegados y palmeros. Pero él seguía mandando con mano de hierro a sus partidarios y detractores “La mano que mece la cuna” le llamaban sus conocidos. 

Y como no podía ser de otra manera, él también quería que su hijo fuera alguien importante. Y así fue como el nieto del sastre que estaba en medio de algún lugar sin hacer nada, fue presentado como uno de los futuros gobernantes del pueblo costero. Los partidarios aplaudían la gran idea, la saga continua, el nuevo primogénito puede llegar muy lejos, ¿ quién sabe si más allá de las fronteras del reino ?

La historia se repite otra vez y seguramente el nieto emulará los pasos del padre y del abuelo. Y así pues, colorín colorado este cuento se ha acabado.