Sociedad política VS Los amantes de Teruel

Cuando me he despertado lo primero que me he preguntado ha sido el porqué de tanta desazón y pesadumbre tan generalizada. Ya sé, ya sé, soy consciente de la que está cayendo, pero aun así me lo he preguntado.

Durante el día escuchas, observas, intuyes, te cuentan, lees, te comunicas… y unas veces aprietas los puños, otras miras para otro lado, sonríes y saludas, otras te sientes impotente y sigues con tus sueños y sentimientos, qué al fin y al cabo son tuyos y te han costado muchas alegrías y sinsabores labrarlos en tu conciencia. Ojo, también hay momentos buenos llenos de felicidad, faltaría más, los humanos somos supervivientes natos, lo único que no decidimos es nuestra despedida.
En estos momentos vivimos en una sociedad en la que todo se ha politizado, en todas (o en casi todas, también hay veces que hay que ver la botella medio llena) las situaciones cotidianas en las que nos encontramos, la sociedad política está metida en medio. Nos dirigen y rigen en todos nuestros actos, ahora tenéis que ir por allí, ahora por aquí. Ahora os quitamos esto, ahora os damos lo otro. Esto es lo bueno y no seáis malos. Hasta nos enardecen y bombardean con proclamas que hacen despertar nuestras conciencias y sentimientos legítimos para luego con un simple pinchazo desinflarlos mientras nosotros vemos nuestros globos deshincharse por un cielo que desconocemos, simplemente esperamos a que nuestros próceres con sus nuevas arengas y proclamas nos cuenten a donde han ido a parar nuestros sueños y esperamos otra nueva “bronca política”, claro, hasta dentro de cuatro años no les podemos volver a votar, pues a esperar. —Este es muy malo—, dice uno, — el otro es peor—, dice otro… y todos a la vez decimos: “pero nos están robando”, “los tuyos más y los míos menos”, “lo primero que hacen es subirse los sueldos”, “yo soy nacionalista”, “yo independentista”, “yo voto a las izquierdas”, “yo a las derechas” , “a mí me da igual, yo no voto”


Día tras día les vemos incapaces de evaluar las coyunturas que sobrevienen sin ningún tipo de coordinación, por eso hemos llegado a la conclusión de que no hay ni buenos ni malos, todos son malos. ¿De quién es la culpa?.
Seguro que es casi imposible que dentro de la sociedad política no haya actores que defiendan y administren los recursos públicos con una ética profesional intachable y que protejan los intereses de los ciudadanos con honradez y una dedicación fuera de toda duda, incluso en contra de algunos de sus propios principios, en la búsqueda del bien común. Respetuosos con las decisiones de los demás y hablando de forma sincera, llana y clara pero tajantes ante la corrupción, la demagogia, el sectarismo y la incompetencia.
Claro que existen, seguro que más de los que pensamos, por eso ahora más que nunca hay que apoyarlos, animarles para que sigan y enseñen a sus dirigentes que al pueblo no se le debe manipular.
Anarquías, golpes de estado, guerras civiles, revoluciones con guillotinas… ahora no lo veo viable, pero empezar un camino con una separación real y legitima de los tres poderes, un camino en el que de verdad todos fuéramos iguales ante la ley, un camino en la que se respetase la identidad de cualquier clase o forma de cada ciudadano ya sería un buen comienzo.
“La democracia es el menos malo de los sistemas políticos”, esto lo dijo Wiston Churchil, y se fumó un puro, pero cuando los partidos políticos están por encima de ella, a los ciudadanos, y esto son hechos probados sin conjeturas, nos hacen sentirnos como los amantes de Teruel, tonta ella, tonto él.
Lo que daría por tener un debate como este con unas cervezas en un bar. ¿Os acordáis lo qué es beberse una cerveza en un bar? Espero no contárselo a mis nietos. Como diría Forges, “Pais”.