Woman’s V.O.X

Si alguna vez he perdido la fe en el ser humano, la esperanza en el progreso adecuado de la sociedad, la creencia en la continuidad de nuestra especie, ha sido y es cuando levanto la cabeza y me doy cuenta sin demasiada dificultad, lamentablemente, de que siempre entre al menos cien coetáneos, hay un fascista.

Si bien nunca he podido digerir el que alguien carezca totalmente de empatía, de respeto a la libertad, hacia el prójimo y en cambio crea totalmente en su supremacía, aún me cuesta más entender como una mujer a la que la propia ideología fascista le otorga un papel de inferioridad respecto al macho dominante, como ella, puede defender esa idea y entregarse a su causa.
Hago un viaje a mi infancia, a esos 10 años que viví antes de ese glorioso 20 de noviembre de 1975 en el que el Caudillo para muchos y el Gran Hijo de Puta para una gran mayoría que ni por asomo se podía permitir tener en un resquicio de su cerebro ese concepto hacia quien los había tenido viviendo arrodillados los últimos cuarenta años. Ese día que tendría que haber llegado mucho antes, al menos en el 45, cuando muchos soñaban en que Europa, esa a la que nos encanta pertenecer (por el culo te la hinco) y los U.S.A que nos han llevado a sueños tan maravillosos cómo falsos a través de su cine, su música, sus oportunidades neoliberales (por el culo te la vuelvo a hincar) no iban a permitir una dictadura fascista en un mundo moderno y en el que los aires de progreso soplaban a favor. No fue así, ellos siguieron el camino de la modernidad y libertad de la que nuestra mancillada república les había enseñado el camino, y nos dejaron durante 40 años en la oscuridad y el ostracismo, quizás para tenernos como ejemplo de lo a ellos no les podía pasar. Ese día en el que el Tío Paco emprendió, espero, el viaje hacia el infierno.
Aún me permite la memoria recordar más de un domingo por la tarde, en el que mis padres podían soltarnos, no sin mucho sacrificio, cinco duros a mi hermana y a mí, con los que en la pequeña, pero polivalente sala del “Patronat” nos cambiaban ese capital que llevábamos a puño cerrado con mucha responsabilidad, por una película de los Calatrava, de Tony Leblanc, Esteso y Pajares, con corte y actuación de mago o payaso hacia mitad del filme para cambiar el rodillo y empezar la segunda parte dándole vueltas a la manivela por parte del profesional. Parte de la culpa de que una de aquellas películas no cupiera en un solo rodillo era porqué en el primero de ellos y por orden y hábito de la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda, se incluía el NO-DO (Noticiario cinematográfico Español) y ahí, a menudo, estaban ellas…
Ellas dando limosnas a los pobres y desamparados a la salida de iglesias y catedrales, pulcras ataviadas, como debía ser, de vestidos sobrios, pero con delicados encajes de puntilla y ganchillo, peinetas, mantillas, todo de riguroso negro y exhibiendo su dignidad a través del contraste del inmaculado blanco que brillaba en cada una de las perlas de sus collares. Ellas, elegantísimas, el día de la Cruz Roja, hucha blanca, roja cruz, depositando ellas como ejemplo un billete de 500 pesetas, las más pudientes. Ellas, cirio ya bendito en mano, siguiendo en las primeras filas en las que podían lucirse, tras la comitiva de Alcalde, párroco, capitán de la Guardia Civil…al santo de turno un día de Fiesta Mayor o Corpus Christi. Ellas en la Plaza del Obradoiro (Plaza de España entonces) , distinguidas lanzando flores blancas al paso del Caudillo que bajo Palio se dirigía a atravesar altivo, el Pórtico de la Gloria. Ellas siempre dispuestas y sumisas, pero más que felices a cambio de ocupar dentro de su género, los escalafones más altos socialmente. Cualquier cosa con tal de sentirse superiores. Sin superioridad ¿Qué sentido tendían sus vidas? Si no podían mirar por encima del hombro a otras mujeres, por supuesto inferiores, y al mismo tiempo ser envidiadas ¿para qué vivir, para qué luchar?
Ellas y la necesidad de supremacía. ¿Dónde nace esa necesidad? Esa sensación que convierten en su realidad, vital cual droga, para la que estaban preparadas tanto para estar de rodillas durante horas rezando cómo beatas delante de un altar, como para entregarse a una orgia y dejarse penetrar por generalísimas pollas que descargarían su esperma en sus benditos coños. Espermatozoides enfermos buscando sus óvulos para crear aberración y engendro, pero que ellas concebirían como si del espíritu santo se tratase.
Ya he vuelto de mis años tiernos. Ahí está, en la S.E.R, Doña Roció Monasterio, una de aquellas elegantes malnacidas brujas del No-Do, con móvil y whatsApp; sin collar de perlas, pero con tanga con cristales de Swarovski. Una de las de antes, pero aún más peligrosa: ahora tienen voz. Voz que ha de tener cómo mujer, voz que hay que silenciar por fascista.
Ante el fascismo, ni géneros, ni voz.